FORMACION AEC 2021

  • Trainers
  • Webmaster Formalaicosbaq |
  • Jaider P. Lázaro Avendaño |

 

La Iglesia, a lo largo de su historia, nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual de nuestro Señor Jesucristo; ya, desde sus mismos orígenes, Jesús envió a sus Apóstoles a realizar también la obra de salvación, mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica de la Iglesia; igualmente, el mismo día de Pentecostés, en que la Iglesia se manifestó al mundo, los que acogieron el anuncio de la palabra de Pedro fueron bautizados, también escuchaban la enseñanza de los Apóstoles, se reunían en la fracción del pan y en la oración. Desde este momento, entonces, la Iglesia ha continuado reuniéndose ininterrumpidamente para celebrar la muerte y resurrección de Cristo, leyendo la Palabra de Dios, celebrando la Eucaristía y dando gracias al mismo tiempo Dios por el don inefable en Cristo Jesús (cfr. SC 6). 

 Aunque este mandato de continuar la obra de la salvación ha sido realizado por la Iglesia a través de las acciones litúrgicas, solo ante situaciones imprevistas y complejas, sin dejar de celebrar, se ha visto en la urgente y perentoria necesidad, escuchando y colaborando con las autoridades civiles y con los expertos, de tomar decisiones difíciles y dolorosas que han llevado hasta la suspensión prolongada de la participación de los fieles en las celebraciones litúrgicas; es el caso concreto de la pandemia globalizada que estamos viviendo a causa del COVID-19 y que estamos padeciendo en Colombia desde hace varios meses.
 

 

En esta experiencia, en efecto, los obispos y sacerdotes han presidido las ceremonias litúrgicas aun sin participación física de los feligreses, quienes, a su vez, han sido invitados a unirse a ellas espiritualmente por la oración y el ofrecimiento de sus obras, las celebraciones de la palabra en familia y el seguimiento virtual de las celebraciones a través de los diversos medios de comunicación. En cuanto a la no congregación y participación física de los fieles en el templo, que es destinado con propiedad para dar culto y para adorar a Dios, conviene también tener presenta las palabras del Papa Francisco cuando dijo: “…alguien me hizo reflexionar sobre el peligro de este momento que estamos viviendo, esta pandemia, que nos ha hecho a todos comunicarnos religiosamente a través de los medios de comunicación, incluso esta misa… estamos todos comunicados pero no juntos…, esto no es la Iglesia, es la Iglesia en una situación difícil. Pero el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los sacramentos, siempre”. (Homilía capilla de la Casa Santa Marta, 17 de abril de 2020). 

 

Igualmente, refiriéndose a este mismo hecho, dijo el Papa, “un obispo bueno me hizo reflexionar sobre el cuidado que debía tener de ´no viralizar la Iglesia, de no viralizar los sacramentos, de no viralizar al pueblo de Dios`. La Iglesia, los sacramentos, el pueblo de Dios son concretos... “. (Ibidem). Como estamos llamados, entonces, a fortalecer nuestra familiaridad con Dios, también en medio de esta circunstancia que vivimos y a través de la virtualidad, debemos hacerlo así solo mientras pasa este tiempo oscuro que estamos experimentando, pues la familiaridad debe ser concreta, es decir, comunitaria, con la Iglesia, con los sacramentos, en medio del pueblo de Dios.

Por eso, después de este tiempo de confinamiento y también de gracia, con las correspondientes orientaciones y aplicación de los respectivos protocolos de bioseguridad, se han ido reabriendo paulatinamente los templos y felizmente estamos, con ciertos temores, pero también con grandes esperanzas, retornando a las celebraciones litúrgicas que alimentan y fortalecen la vida espiritual del pueblo de Dios y, por tanto, la familiaridad comunitaria.

Como animación y motivación a este retorno progresivo al templo para ir regresando a la normalidad de la celebración de la fe, tenemos muy presente y compartimos lo que dijo el Cardenal Sarah, en su carta “Volvemos con alegría a la Eucaristía”: “Es necesario y urgente, tan pronto como las circunstancias lo permitan, volver a la normalidad de la vida cristiana, que tiene como casa el edificio de la iglesia, y la celebración de la liturgia, particular-mente de la Eucaristía, como «la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza...» (SC, 1O)”. 

 

Sin embargo, dado que en esta nueva etapa que ya estamos viviendo, unos todavía no pueden y otros definitivamente no podrían participar en las celebraciones en los templos, bien por las restricciones establecidas en los protocolos, bien por razones de salud o de edad, conviene mantener activa la preocupación y el esfuerzo pastoral para hacer que ellos, con las estrategias pastorales que han sido implementadas en esta época, se puedan unir a las celebraciones de la  comunidad.

 

En este contexto, entonces, se ofrece esta curso de formación de agentes extraordinarios de la comunión, que no tiene temas específicos del ministerios que ejercen pero si temas que ayudan a interpretar el espíritu con el que como servidores de la liturgia deben vivir este tiempo y también su servicio. 

Los temas propuestos han sido tomados  del boletín  Notas de Actualidad Litúrgica, No. 77, boletín que ofrece la comisión de liturgia de la conferencia episcopal de Colombia, en esta edición  se ofrecen diversas reflexiones sobre el tema: “¡Regresemos con alegría al templo!”, en este ambiente de vuelta progresiva al templo donde, experimentando ciertos temores, tenemos la firme esperanza de que el Señor siempre ha estado caminando con nosotros para ser capaces de discernir su voluntad en bien de todo su pueblo. 

 

 

Course Information

CONTENIDOS

METODOLOGÎA

BIBLIOGRAFÎA

Coaches

Webmaster Formalaicosbaq

Webmaster Formalaicosbaq

Jaider P. Lázaro Avendaño

Jaider P. Lázaro Avendaño