A lo largo de la historia de la Iglesia se ha hablado de la llamada “via pulchritudinis”, la “vía de la belleza”. En un completo documento[1], el Consejo Pontificio de Cultura expresaba:

“La Iglesia lleva a cabo su misión, que consiste en llevar a los hombres a Cristo Salvador, compartiendo la Palabra de Dios y el don de los Sacramentos de la Gracia. Para llegar mejor a ellos, a través de una pastoral de la cultura adaptada a la luz de Cristo, contemplado en el misterio de su encarnación (cf. Gaudium et spes, n. 22), escruta los signos de los tiempos y descubre en ellos preciosas indicaciones para tender puentes que permitan encontrar al Dios de Jesucristo a través de un itinerario de amistad en un diálogo de verdad.

 

En esta perspectiva, la Via pulchritudinis se presenta como un itinerario privilegiado para llegar a muchos que experimentan grandes dificultades para acoger la enseñanza de la Iglesia. La Vía de la belleza, a partir de la experiencia simple del encuentro con la belleza que suscita admiración, puede abrir el camino a la búsqueda de Dios y disponer el corazón y la mente al encuentro con Cristo, Belleza de la santidad encarnada, ofrecida por Dios a los hombres paras su salvación. Esta belleza sigue invitando hoy a los Agustines de nuestro tiempo, buscadores incansables de amor, de verdad y de belleza, a elevarse desde la belleza sensible a la Belleza eterna y a descubrir con fervor al Dios santo, artífice de toda belleza”.

 

En esta óptica, se puede entender que existen desde siempre expresiones artísticas que son verdaderos caminos para llegar a Dios, la Belleza suprema, que incluso son ayuda para crecer en la relación con Él, en la oración; verdaderas obras de arte que nacen de la fe y que la expresan.

 

El itinerario planteado por el curso de Historia del Arte Cristiano busca llevar a los estudiantes a descubrir que el arte es esa expresión privilegiada del hombre, fruto de su misma capacidad creativa, “que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos”[2]. El estudio del arte llevará a entender la capacidad infinita de expresión del ser humano que hace visible la necesidad de ir más allá de lo que se ve como manifestación de la sed y búsqueda de lo infinito. En palabras de Benedicto XVI, el arte es “como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Y una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, empujándonos hacia lo alto”[3].

 

Con un recorrido sintético y conciso a lo largo de la historia de las expresiones artísticas cristianas se procurará llevar al estudiante a captar la esencia y riqueza del lenguaje artístico y, en particular, a entender la importancia del arte en la vida de fe y cómo a lo largo de los siglos el Cristianismo ha dado a la humanidad verdaderas obras que nacen desde la fe y para la vivencia de la fe.

 

[1] Consejo Pontificio de la Cultura, La Via Pulchritudinis, Camino de Evangelización y de Diálogo, Asamblea Plenaria 2004. Recuperado en: http://www.latinitas.va/content/cultura/es/pub/documenti/ViaPulchritudinis.html

[2] Benedicto XVI, Audiencia General, Castelgandolfo, 31-VIII-2011.

[3] Ibídem.

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HISTORIA DEL ARTE CRISTIANO

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A lo largo de la historia de la Iglesia se ha hablado de la llamada “via pulchritudinis”, la “vía de la belleza”. En un completo documento[1], el Consejo Pontificio de Cultura expresaba:

“La Iglesia lleva a cabo su misión, que consiste en llevar a los hombres a Cristo Salvador, compartiendo la Palabra de Dios y el don de los Sacramentos de la Gracia. Para llegar mejor a ellos, a través de una pastoral de la cultura adaptada a la luz de Cristo, contemplado en el misterio de su encarnación (cf. Gaudium et spes, n. 22), escruta los signos de los tiempos y descubre en ellos preciosas indicaciones para tender puentes que permitan encontrar al Dios de Jesucristo a través de un itinerario de amistad en un diálogo de verdad.

 

En esta perspectiva, la Via pulchritudinis se presenta como un itinerario privilegiado para llegar a muchos que experimentan grandes dificultades para acoger la enseñanza de la Iglesia. La Vía de la belleza, a partir de la experiencia simple del encuentro con la belleza que suscita admiración, puede abrir el camino a la búsqueda de Dios y disponer el corazón y la mente al encuentro con Cristo, Belleza de la santidad encarnada, ofrecida por Dios a los hombres paras su salvación. Esta belleza sigue invitando hoy a los Agustines de nuestro tiempo, buscadores incansables de amor, de verdad y de belleza, a elevarse desde la belleza sensible a la Belleza eterna y a descubrir con fervor al Dios santo, artífice de toda belleza”.

 

En esta óptica, se puede entender que existen desde siempre expresiones artísticas que son verdaderos caminos para llegar a Dios, la Belleza suprema, que incluso son ayuda para crecer en la relación con Él, en la oración; verdaderas obras de arte que nacen de la fe y que la expresan.

 

El itinerario planteado por el curso de Historia del Arte Cristiano busca llevar a los estudiantes a descubrir que el arte es esa expresión privilegiada del hombre, fruto de su misma capacidad creativa, “que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos”[2]. El estudio del arte llevará a entender la capacidad infinita de expresión del ser humano que hace visible la necesidad de ir más allá de lo que se ve como manifestación de la sed y búsqueda de lo infinito. En palabras de Benedicto XVI, el arte es “como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Y una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, empujándonos hacia lo alto”[3].

 

Con un recorrido sintético y conciso a lo largo de la historia de las expresiones artísticas cristianas se procurará llevar al estudiante a captar la esencia y riqueza del lenguaje artístico y, en particular, a entender la importancia del arte en la vida de fe y cómo a lo largo de los siglos el Cristianismo ha dado a la humanidad verdaderas obras que nacen desde la fe y para la vivencia de la fe.

 

[1] Consejo Pontificio de la Cultura, La Via Pulchritudinis, Camino de Evangelización y de Diálogo, Asamblea Plenaria 2004. Recuperado en: http://www.latinitas.va/content/cultura/es/pub/documenti/ViaPulchritudinis.html

[2] Benedicto XVI, Audiencia General, Castelgandolfo, 31-VIII-2011.

[3] Ibídem.

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