Hablar de la importancia de esta asignatura llevaría varios párrafos por la magnitud del personaje y de su obra en la historia del cristianismo de todos los tiempos. Ya Benedicto XVI decía del Apóstol: «Brilla como una estrella de primera magnitud en la historia de la Iglesia, y no sólo en la de los orígenes. San Juan Crisóstomo lo exalta como personaje superior incluso a muchos ángeles y arcángeles (cf. Panegírico 7, 3). Dante Alighieri, en la Divina Comedia, inspirándose en la narración de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 9, 15), lo define sencillamente como "vaso de elección" (Infierno 2, 28), que significa: instrumento escogido por Dios. Otros lo han llamado el "decimotercer apóstol" -y realmente él insiste mucho en que es un verdadero apóstol, habiendo sido llamado por el Resucitado-, o incluso "el primero después del Único"»[1]

 

Sin lugar a dudas, después de Jesús, él es el personaje de los orígenes del que se posee más información, pues no sólo se tiene la narración lucana de los Hechos de los Apóstoles, sino también un grupo de cartas que provienen directamente de su mano y nos revelan su personalidad y su pensamiento. Un número de cartas que a veces no se dimensiona su importancia en el Nuevo Testamento: de 27 libros que lo componen, 14 están ligados a Pablo; si se quitan los evangelios y el Apocalipsis el resto son cartas y más de la mitad son de Pablo.

 

Este recorrido por la vida, testimonio y obra escrita del Apóstol llevará a los formandos a varias consideraciones: poner en el centro de la vida a Jesucristo, la dimensión universal que caracteriza el apostolado paulino, el amor por la Iglesia y su pasión por la vida comunitaria de los creyentes, entre otras enseñanzas del Apóstol de los gentiles.

 

Bien dirá Benedicto XVI: «¿Cómo no admirar a un hombre así? ¿Cómo no dar gracias al Señor por habernos dado un Apóstol de esta talla? Es evidente que no hubiera podido afrontar situaciones tan difíciles, a veces desesperadas, si no hubiera tenido una razón de valor absoluto ante la que ningún límite podía considerarse insuperable. Para san Pablo, como sabemos, esta razón es Jesucristo, de quien escribe: "El amor de Cristo nos apremia al pensar que (...) murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2Cor 5,14-15), por nosotros, por todos. Que el Señor nos ayude a poner en práctica la exhortación que nos dejó el apóstol en sus cartas: "Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo" (1Cor 11,1)»[2]

 

[1]Benedicto XVI, Audiencia General, 25.10.2006.

[2]Ibídem.

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SAN PABLO Y ESCRITOS PAULINOS

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Hablar de la importancia de esta asignatura llevaría varios párrafos por la magnitud del personaje y de su obra en la historia del cristianismo de todos los tiempos. Ya Benedicto XVI decía del Apóstol: «Brilla como una estrella de primera magnitud en la historia de la Iglesia, y no sólo en la de los orígenes. San Juan Crisóstomo lo exalta como personaje superior incluso a muchos ángeles y arcángeles (cf. Panegírico 7, 3). Dante Alighieri, en la Divina Comedia, inspirándose en la narración de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 9, 15), lo define sencillamente como "vaso de elección" (Infierno 2, 28), que significa: instrumento escogido por Dios. Otros lo han llamado el "decimotercer apóstol" -y realmente él insiste mucho en que es un verdadero apóstol, habiendo sido llamado por el Resucitado-, o incluso "el primero después del Único"»[1]

 

Sin lugar a dudas, después de Jesús, él es el personaje de los orígenes del que se posee más información, pues no sólo se tiene la narración lucana de los Hechos de los Apóstoles, sino también un grupo de cartas que provienen directamente de su mano y nos revelan su personalidad y su pensamiento. Un número de cartas que a veces no se dimensiona su importancia en el Nuevo Testamento: de 27 libros que lo componen, 14 están ligados a Pablo; si se quitan los evangelios y el Apocalipsis el resto son cartas y más de la mitad son de Pablo.

 

Este recorrido por la vida, testimonio y obra escrita del Apóstol llevará a los formandos a varias consideraciones: poner en el centro de la vida a Jesucristo, la dimensión universal que caracteriza el apostolado paulino, el amor por la Iglesia y su pasión por la vida comunitaria de los creyentes, entre otras enseñanzas del Apóstol de los gentiles.

 

Bien dirá Benedicto XVI: «¿Cómo no admirar a un hombre así? ¿Cómo no dar gracias al Señor por habernos dado un Apóstol de esta talla? Es evidente que no hubiera podido afrontar situaciones tan difíciles, a veces desesperadas, si no hubiera tenido una razón de valor absoluto ante la que ningún límite podía considerarse insuperable. Para san Pablo, como sabemos, esta razón es Jesucristo, de quien escribe: "El amor de Cristo nos apremia al pensar que (...) murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2Cor 5,14-15), por nosotros, por todos. Que el Señor nos ayude a poner en práctica la exhortación que nos dejó el apóstol en sus cartas: "Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo" (1Cor 11,1)»[2]

 

[1]Benedicto XVI, Audiencia General, 25.10.2006.

[2]Ibídem.

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