No se puede negar que muchas religiones tienen sus libros sagrados. Este fenómeno universal está ligado con la historia de las civilizaciones: ¿era posible que los hombres no quisieran fijar en textos y luego conservar en forma escrita este aspecto de su pensamiento y de su vida que les era el más querido, es decir, sus relaciones con Dios? Estos libros han sido guardados como un depósito venerado, dado que, abordándolos con fe, se ha buscado en ellos una respuesta a los interrogantes del alma, luz para guiar la vida. El Cristianismo también ha guardado y leído, siglos tras siglos, con profunda veneración su libro sagrado por excelencia: La Biblia o Sagrada Escritura.

Bien definía el Concilio Vaticano II la Sagrada Escritura como el conjunto de libros que, «escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia»DV 11[1]. La Biblia, compuesta de 73 libros, 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento, goza de una situación de privilegio debido a tres momentos fundamentales, como cita M. Tábet[2]: a) tiene un origen divino sobrenatural, pues «habiendo sido escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo», tiene a Dios como autor principal; b) su contenidoposee la más alta revelación hecha a los hombres por Dios, ya que los textos ofrecen una respuesta definitiva y sobreabundante a las preguntas del hombre sobre el sentido y finalidad de su vida; c) tiene como finalidadla de llevar a los hombres hacia la plenitud de la perfección.

A lo largo de este curso introductorio a la Biblia, trateremos de profundizar y subrayar tres aspectos de la doctrina de la Iglesia: a) Dios es el autor de la Sagrada Escritura; b) Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados; c) Los libros inspirados enseñan la verdad. Bajo estos aspectos, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre a Divina Revelación, recuerda la necesidad de la formación y estudio de la Biblia:

«La Sagrada Escritura debe ser como el alma de la sagrada teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y, en puesto privilegiado, la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento saludable y por ella da frutos de santidad» DV 24. 

Porque, como bien dice San Jerónimo: «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» DV 25. A través de todas las palabras de la Biblia, Dios dice sóla una Palabra, su Hijo Amado, en quién Él se da a conocer en plenitud (Hb 1,1-3).

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[1] Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación (DV), 18-XI-1965.

[2] Cfr. M. Tábet, Introducción General a la Biblia, Ediciones Palabra, Madrid 2009, p.49.

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LA BIBLIA: PRIMEROS PASOS

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No se puede negar que muchas religiones tienen sus libros sagrados. Este fenómeno universal está ligado con la historia de las civilizaciones: ¿era posible que los hombres no quisieran fijar en textos y luego conservar en forma escrita este aspecto de su pensamiento y de su vida que les era el más querido, es decir, sus relaciones con Dios? Estos libros han sido guardados como un depósito venerado, dado que, abordándolos con fe, se ha buscado en ellos una respuesta a los interrogantes del alma, luz para guiar la vida. El Cristianismo también ha guardado y leído, siglos tras siglos, con profunda veneración su libro sagrado por excelencia: La Biblia o Sagrada Escritura.

Bien definía el Concilio Vaticano II la Sagrada Escritura como el conjunto de libros que, «escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia»DV 11[1]. La Biblia, compuesta de 73 libros, 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento, goza de una situación de privilegio debido a tres momentos fundamentales, como cita M. Tábet[2]: a) tiene un origen divino sobrenatural, pues «habiendo sido escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo», tiene a Dios como autor principal; b) su contenidoposee la más alta revelación hecha a los hombres por Dios, ya que los textos ofrecen una respuesta definitiva y sobreabundante a las preguntas del hombre sobre el sentido y finalidad de su vida; c) tiene como finalidadla de llevar a los hombres hacia la plenitud de la perfección.

A lo largo de este curso introductorio a la Biblia, trateremos de profundizar y subrayar tres aspectos de la doctrina de la Iglesia: a) Dios es el autor de la Sagrada Escritura; b) Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados; c) Los libros inspirados enseñan la verdad. Bajo estos aspectos, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre a Divina Revelación, recuerda la necesidad de la formación y estudio de la Biblia:

«La Sagrada Escritura debe ser como el alma de la sagrada teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y, en puesto privilegiado, la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento saludable y por ella da frutos de santidad» DV 24. 

Porque, como bien dice San Jerónimo: «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» DV 25. A través de todas las palabras de la Biblia, Dios dice sóla una Palabra, su Hijo Amado, en quién Él se da a conocer en plenitud (Hb 1,1-3).

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[1] Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación (DV), 18-XI-1965.

[2] Cfr. M. Tábet, Introducción General a la Biblia, Ediciones Palabra, Madrid 2009, p.49.

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