El término «Nuevo Testamento» evoca el corpus de la literatura reconocida por el cristianismo de todos los tiempos; sin embargo, no se puede hablar de Nuevo Testamento como una entidad aislada en sí misma pues existe una profunda relación con las Escrituras de Israel o mejor con el Antiguo Testamento. En la perspectiva cristiana estos dos testamentos, no obstante mantengan relaciones complejas, poseen una profunda unidad.

El Nuevo Testamento, efectivamente, reúne los escritos en los cuales los cristianos ven la expresión adecuada de su fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, muerto y resucitado, mediador y plenitud de toda revelación. Los 27 escritos que lo conforman han sido reconocidos por la comunidad cristiana como Palabra de Dios y, por lo tanto, como punto de referencia fundamental de la fe. La teología, como cualquier otro ámbito de la vida y de la reflexión cristiana, tiene que fundamentarse en el Nuevo Testamento y tiene que recurrir constantemente a él. Para el estudio de la teología cristiana resulta, pues, imprescindible, un buen conocimiento de las características, el contenido y la finalidad de los libros del Nuevo Testamento, que no es otra que la de presentar la persona de Jesús.

Para poder leer y entender en profundidad el Nuevo Testamento y extraer las consecuencias para el momento presente, hace falta en primer lugar situarlo adecuadamente en su ambiente original y analizarlo desde el punto de vista histórico, literario y teológico. Jesús de Nazaret, que dio origen al cristianismo y a la corriente de tradición de los escritos que se derivaron de él, vivió en Palestina en la primera mitad del siglo I d.C., como miembro del pueblo de Israel, un pueblo singular que había organizado su vida social y religiosa en torno a la convicción de que el Dios único los había escogido como su pueblo y había establecido con ellos una alianza.

Después de la muerte de Jesús, sus discípulos proclaman que a través de él Dios había establecido una nueva y definitiva alianza con la humanidad. En un proceso relativamente rápido, este anuncio se extiende a mediados de siglo I por toda la costa mediterránea, en los territorios del imperio romano. A partir de entonces, el proceso de expansión del cristianismo produce también la redacción progresiva de los escritos del Nuevo Testamento, la mayor parte de los cuales serían redactados en la segunda mitad del siglo I.

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LA FRESCURA DEL NUEVO TESTAMENTO

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  • Edgardo Bernales Altamar |

El término «Nuevo Testamento» evoca el corpus de la literatura reconocida por el cristianismo de todos los tiempos; sin embargo, no se puede hablar de Nuevo Testamento como una entidad aislada en sí misma pues existe una profunda relación con las Escrituras de Israel o mejor con el Antiguo Testamento. En la perspectiva cristiana estos dos testamentos, no obstante mantengan relaciones complejas, poseen una profunda unidad.

El Nuevo Testamento, efectivamente, reúne los escritos en los cuales los cristianos ven la expresión adecuada de su fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, muerto y resucitado, mediador y plenitud de toda revelación. Los 27 escritos que lo conforman han sido reconocidos por la comunidad cristiana como Palabra de Dios y, por lo tanto, como punto de referencia fundamental de la fe. La teología, como cualquier otro ámbito de la vida y de la reflexión cristiana, tiene que fundamentarse en el Nuevo Testamento y tiene que recurrir constantemente a él. Para el estudio de la teología cristiana resulta, pues, imprescindible, un buen conocimiento de las características, el contenido y la finalidad de los libros del Nuevo Testamento, que no es otra que la de presentar la persona de Jesús.

Para poder leer y entender en profundidad el Nuevo Testamento y extraer las consecuencias para el momento presente, hace falta en primer lugar situarlo adecuadamente en su ambiente original y analizarlo desde el punto de vista histórico, literario y teológico. Jesús de Nazaret, que dio origen al cristianismo y a la corriente de tradición de los escritos que se derivaron de él, vivió en Palestina en la primera mitad del siglo I d.C., como miembro del pueblo de Israel, un pueblo singular que había organizado su vida social y religiosa en torno a la convicción de que el Dios único los había escogido como su pueblo y había establecido con ellos una alianza.

Después de la muerte de Jesús, sus discípulos proclaman que a través de él Dios había establecido una nueva y definitiva alianza con la humanidad. En un proceso relativamente rápido, este anuncio se extiende a mediados de siglo I por toda la costa mediterránea, en los territorios del imperio romano. A partir de entonces, el proceso de expansión del cristianismo produce también la redacción progresiva de los escritos del Nuevo Testamento, la mayor parte de los cuales serían redactados en la segunda mitad del siglo I.

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II. CONTENIDOS

IV. METODOLOGÍA E-LEARNING

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